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El
velatorio de Karen Yesenia en un campamento indígena instalado en la ciudad de
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Karen
Yesenia se llamaba la niña que falleció hace poco el día en que la marcha de
los indígenas del Tipnis llegó a la ciudad de La Paz. Versiones de
prensa indican que el gas pimienta que los policías lanzaron a los indígenas
para impedirles el ingreso a la Plaza
Murrillo habría provocado el deceso de la inocente beba, de
tan solo seis meses de edad. Ahora, su cuerpo pequeño está envuelto en una
bandera de patujú. Marcia y Rosauro, sus padres, lloran a su lado y no quieren
creer que su lucha para defender el Tipnis les haya pedido un sacrificio tan
grande. Sin embargo, lo que más indigna es la indolencia de algunas autoridades
del gobierno nacional, sobre todo de algunas ministras que, sometidas al poder
como están, amordazadas como están, salen a defender ciegamente el “proceso de
cambio”, ignorando el sacrificio de los indígenas del Oriente que lo único que
quieren es que no les destruyan su hábitat natural, su casa, tal como establece
la Ley 180 que
declara intangible el Territorio Indígena Parque Nacional “Isiboro Sécure”,
pero que ahora quieren borrar con el codo lo que firmaron con la mano
imponiendo una ley maldita de consulta (que cínicamente llaman “previa”) con el
objetivo de construir una carretera por el medio de ese parque natural. Culpan
esas ministras a la madre de Karen Yesenia dizque “por haberla sacado de su hábitat
natural”, desconociendo el principio universal según el cual nadie tiene derecho a
separar a una madre de su hija. Pero los muertos no importan, así sean niños
inocentes, la carretera va sí o sí, aunque se tenga que destruir una reserva
natural, así como se hizo con el Chapare y se está haciendo con la reserva
del Chore. “¿Dónde están los muertos?”, pregunta Su Excelencia con toda la
dureza de corazón de la que es capaz, cegado por el odio a la derecha y a los
que no piensan como él. Pero no es necesario matar con armas de fuego, también
se puede matar con gas pimienta como aparentemente ocurrió con la beba indígena.
Con Karen Yesenia ya son varios los niños muertos en defensa del Tipnis. La
muerte de la beba ha tocado el alma de la opinión pública. Es la nueva mártir
de la rebelión indígena. En medio del velorio de la pobre niña, el gobierno
seguía desarrollando una campaña propagandística inmisericorde en contra de
Adolfo Chávez, Fernando Vargas y Berta Bejarano, los líderes de la macha del
Tipnis. Están decididos a imponer como sea una consulta que hipócritamente
llaman “previa”, así tengan que morir más niños inocentes. Ya dieron el primer
paso con un comedido fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que, como
todo el mundo sabe, está compuesto por magistrados afines al partido
gobernante. Quizás sigan consiguiendo adherentes que, como ellos, no creen en
Dios y por lo tanto no tienen ninguna conciencia sobre la ecología y el medio
ambiente. Pero hay algo que está claro: lo que el régimen nunca podrá conseguir
es torcer esa conciencia que ha venido propagándose como un alud al paso de la
marcha de los indígenas. Es una conciencia nacional. Es como un muro protector
en torno no solo al Tipnis sino a todos los parques nacionales. Su conservación
es cuestión de vida o muerte hoy más que nunca. La Revolución Democrática
y Cultural podrá llegar con sus máquinas avasalladoras al núcleo del Tipnis y
comenzar a abrir la carretera, pero en el último momento (el momento crucial)
habrá hombres y mujeres que se pondrán de pie frente a las máquinas
depredadoras y les ofrecerán resistencia, igual que en la película Avatar. Así lo hizo Chico Mendes en
Brasil. Será, entonces, esa conciencia nacional la que deba levantarse como un
solo ejército a fin de defender a la Madre Tierra de la barbarie.

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