Podía
haberlo hecho, pero, según parece, la voluntad de los cocaleros y las
‘bartolinas’ es más determinante que su declarada devoción por la Pachamama. En alguna
ocasión él lo había manifestado claramente: “Yo me atrevo a decir que primero
están los derechos de la
Madre Tierra y después los derechos humanos”. Pero el respeto
a la Madre Tierra
es más que simplemente rendirle culto con k’oas y sangre de llama, y porque
además la Pachamama
no significa lo mismo en el Altiplano que en el Oriente.
Quizás
el error del Presidente es que no escucha con el corazón. Si escuchara con el
corazón hace tiempo, de un solo tajo, él hubiera declarado la intangibilidad
del Parque Nacional Isiboro Sécure; no hubiera dejado que los pueblos indígenas
fuesen apaleados en Yucumo ni hubiera permitido, ahora, que se lleve a cabo
este embuste al que hipócritamente denominan “consulta previa”.
Por
eso, el ciudadano de cociente normal se confunde, le cuesta entender cómo su
presidente es capaz de hacer una férrea defensa mediática de la Madre Tierra en los
foros internacionales y, a la semana siguiente, de regreso en el Palacio
Quemado, transformarse en un depredador más de la naturaleza.
Evo,
en el fragor del conflicto, siempre dejó clara su intención: “La carretera va,
quieran o no quieran”, se le oyó decir a menudo en apasionados discursos que
eran rabiosamente aplaudidos por los movimientos sociales afines a su gobierno.
Asimismo
en la marcha de 2011 el gobierno criminalizó a los indígenas con sindicaciones
de todo calibre, incluso vinculándolos con Sánchez de Lozada y con la Embajada de Estados
Unidos, y tras la promulgación de la
Ley del Tipnis el ministro de la Presidencia , Juan
Ramón Quintana, se encargaría de abrir la caja de Pandora y sacar a luz las
conexiones de algunos dirigentes indígenas con empresas madereras, conexiones
que, según parece, habían generado una industria millonaria con el turismo
ecológico y la explotación de la madera.
Y
serían otras fuentes no oficiales las que revelarían, al mismo tiempo, que
corporaciones transnacionales habían convertido el Tipnis poco menos que en
otro Huanchaca, con toda la cocaína que eso supone. Y donde se produce cocaína
se produce coca.
Ahora
que la segunda marcha del Tipnis ha comenzado, el gobierno del MAS recurre a
todos los medios disponibles (mediáticos, políticos y de inteligencia) para
dividir a los indígenas, y ha logrado, a fuerza de dádivas, que algunos
sectores acepten la carretera. Hay una guerra sucia contra los dirigentes de la CIDOB.
La
mayoría de nosotros no conoce el Tipnis; otros han visto postales paradisíacas
en la televisión; pero quizás algunos leyeron el Libro Rojo (editado, aunque
suene irónico, por el propio gobierno) que muestra el peligro de extinción en
que se encuentran varias especies de peces, aves, mamíferos y reptiles en el
territorio indígena.
A
estas alturas, el debate nacional sobre el Tipnis avanza hacia un desenlace que
nadie quisiera predecir, sobre todo desde que Evo Morales decide revisar la Ley del Tipnis (que él mismo
había firmado con su puño y letra) y convoca a una “consulta previa” tras la
marcha del Conisur protagonizada por colonizadores cocaleros adeptos al régimen.
Durante unas semanas el parque fue “intangible” y no iba a atravesarlo ninguna
carretera maldita. Pero una vez más los cocaleros y las ‘bartolinas’ toman la
palabra, y estos sectores adeptos ya han demostrado que, si se lo proponen,
pueden hacer arder el país. Son depredadores por naturaleza, igual que esas dos
señoras elegantes que conducen la Asamblea Legislativa
Plurinacional y que parecen no tener conciencia alguna de que la escasa fauna y
flora que queda en nuestro planeta se encuentra precisamente en Bolivia. En las
mentes de algunos ministros “revolucionarios” solo cabe la tesis del
desarrollismo puro al precio que sea, así tengan que arrasar con todos los
parques naturales que quedan, como lo haría cualquier neoliberal. Así es como
llevan a cabo su “descolonización”.
Sin
embargo, el camino no será fácil. Puede que al final el MAS-IPSP logre dividir a
los pueblos indígenas (como ya lo ha hecho); puede que incluso haya dirigentes
corruptos en la CIDOB
que hicieron negocios con los madereros a precio de gallina muerta. Lo que el
régimen no va a poder hacer es torcer esa conciencia que ha venido propagándose
como un alud tras la primera marcha de los indígenas. Es una conciencia
nacional. Es como un muro protector en torno no solo al Tipnis sino a todos los
parques nacionales. Su conservación es cuestión de vida o muerte ahora más que
nunca. La
Revolución Democrática y Cultural podrá llegar con sus
máquinas avasalladoras al núcleo del Tipnis y comenzar a abrir la carretera,
pero en el último momento (el momento crucial) habrá hombres y mujeres que se
pondrán de pie frente a las máquinas depredadoras y les ofrecerán resistencia,
igual que en la película Avatar. Así
lo hizo Chico Mendes en Brasil.
Será,
entonces, esa conciencia nacional la que deba levantarse como un solo ejército
a fin de defender a la
Madre Tierra de la barbarie.

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