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El flamante directorio y sus invitados bailan
una chovena con la bendición del cura católico.
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Un directorio bastante “mixturado” en el que
aparecen personas y personalidades de distintos estratos sociales, incluso algunos migrantes del
interior, ha retomado la conducción del Comité Cívico de Minero por un nuevo
período de dos años.
En su discurso el reelegido presidente, Juan
Carlos Arce, afirmó haber logrado la “unidad” entre las autoridades locales, lo
que, según dijo, hizo que se consolidaran proyectos en beneficio del municipio.
Sin embargo, fue notoria la ausencia de la
casi totalidad de los expresidentes cívicos, y entre la “institucionalidad”
presente en el lugar no se pudo encontrar a ningún referente de la oposición
política. El único pastpresidente que asistió a la posesión fue Walter Jordán,
que el año pasado participó en las elecciones de la Cooperativa Cosmin
a la cabeza del frente “Record” y con los auspicios de la coalición
municipal MIR-MNR-MAS.
También no dejó de sorprender la baja
intensidad de los discursos pronunciados, sobre todo el de Luis Alberto Áñez,
que a diferencia de hace dos años, cuando en ese mismo lugar emitió virulentas críticas
en contra del gobierno de Evo Morales Ayma, esta vez apenas mencionó que la
ceremonia se hubiera iniciado con una misa. “Que esto sirva para demostrar que cuando
se toma en cuenta a Dios las cosas salen mejor”, dijo. Y ahí acabó todo.
De hecho, nadie hizo alusión siquiera a los
conflictos sociales que venían convulsionando a la nación desde hace un mes. Tal
vez la vinculación política del establishment local con el Movimiento al Socialismo
explique el perfil “integrador” de los últimos discursos en el Comité Cívico de
Minero.

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